El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios. Inspiró a los santos hombres de la
antigüedad a escribir las Escrituras. Mediante la iluminación, nos permite
comprender la verdad. Exalta a Cristo. Convence de pecado, de justicia y de
juicio. Llama a los hombres al Salvador y efectúa la regeneración. Cultiva el
carácter cristiano, consuela a los creyentes y les otorga los dones
espirituales mediante los cuales sirven a Dios a través de Su Iglesia. Sella al
creyente para el día de la redención final. Su presencia en el cristiano es la
garantía de Dios para llevarlo a la plenitud del estatuto de Cristo. Ilumina y
capacita al creyente y a la iglesia en la adoración, la evangelización y el
servicio.
En cuanto a los dones espirituales, hermanos, no quiero que los ignoréis.
Sabéis que erais gentiles, arrastrados a estos ídolos mudos, tal como fuisteis
guiados. Por lo tanto, os doy a entender que nadie que hable por el Espíritu de
Dios llama anatema a Jesús; y que nadie puede llamar a Jesús Señor sino por
el Espíritu Santo.
Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el mismo Espíritu. Y hay diversidad
de administraciones, pero el mismo Señor...
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‘Dones del Espíritu Santo - Kuhlman, Kathryn’.
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